martes, 19 de septiembre de 2017

Un amor imposible (para Chistine Angot)

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Recurrir a experiencias personales para tramar una obra de ficción es algo muy común, según sabemos. En la que ahora nos ocupa, el nombre de la protagonista coincide con el de la autora, Chistine Angot (1959, incluso en su primitivo apellido, el materno, Schwartz, antes de que su padre la reconociera legalmente). Es de suponer que la urdimbre también guarda parecido con la vida de quien escribe la novela, en cuyo caso supone un relato vívido, una expresión (a veces descarnada) de las relaciones con su madre, con el fondo del padre Guadiana, que la lleva a contactos incestuosas en la adolescencia.
Un amor imposible (2017) puede impactar. Y más pensando en que tiene base concreta en una persona que nos lo está contando. Poco hay que esforzarse para imaginar la base real de estas situaciones. Sucedidas en nuestro entorno de forma más frecuente de lo que suponemos quienes no estamos sometidos a esas existencias. Ya se había referido la autora a estos hechos en El incesto (1999) y en Una semana de vacaciones (2012), ambas obras polémicas, y ahora se centra más en la convivencia que mantiene con su madre, en donde pasa por la admiración, el rechazo y la reconciliación. (C. Angot no se corta demasiado; incluso, ha sido denunciada [y condenada] por airear la vida privada de personas de su entorno).
No puede decirse que disponga de una literatura brillante. Digamos que es práctica. Es opinión común que no llega al estilismo de la que puede ser considerada su maestra en el escribir: Annie Ernaux (1940). Pero Un amor imposible -el de su madre y su padre, de clase social diferente- va ganando en complejidad según avanzan las páginas. Y, al final, seguramente agradeces el haberlo leído.
[Salud. A la espera de que la vida disuelva los caprichos de quienes gobiernan la res publica].

martes, 12 de septiembre de 2017

Amistad antes de la muerte

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La pintora Paula Becker (1876-1907) muere después de dar a luz, tras una hemorragia, y al expirar susurra «¡Qué lástima». La convención literaria nos ha legado un poema de Rilke como muestra de amistad con la fallecida, un hermoso requiem for a friend («Tengo muertos y los dejé partir / […] tan solo tú regresas, / me rozas, me rondas, quieres topar con algo / que a ti suene y te delate».)
Pero Adrienne Rich (1929), escritora y poeta (acostumbrada a «oir y escuchar a los demás, guardando dentro de mí el lenguaje de experiencias distintas a las mías […] he sido transformada, mi poesía ha ido transformándose, en este proceso sin fin»), reescribe los hechos (al igual que otras hacen con la mujer ideal de Becker o la paciente espera de Penélope). Para ella, la amistad, profunda amistad, de Paula se daba con la mujer de Rilke, Clara Westhoff (1878-1954). Ambas se conocen en Worpswede, colonia de artistas cercana a Bremen, en el verano de 1899; después viven en París el primer medio año de 1900, tiempo en que Clara asiste a clases de escultura con Rodin –«¡Qué bien trabajábamos juntas!»–; en el verano vuelven a Alemania; en 1901 es cuando Clara y Rilke se casan y, poco después, Paula lo hace con el también pintor Otto Modersohn (1865-1943).
A. Rich escribe entre 1975 y 1976 Paula Becker a Clara Westhoff, un poema, simulando el tiempo del embarazo y el sueño de su muerte –«No quería este hijo. / Eres la única persona a la que se lo he dicho […] Siento que avanzo / con paciencia, e impaciencia, dentro / de mi soledad […] Sé y no sé bien / lo que busco»–. Habla de las relaciones entre las dos mujeres y el poeta, del que Paula está celosa por separarla de Clara, razón por la que la primera también se casa, pero «el matrimonio es más solitario que la soledad». Termina recordándole sus primitivas conversaciones y propósitos, fundamentados en su ser de mujeres, «nuestra vieja promesa de no sentirnos culpables», en la lucha por la verdad.
[Salud. Nos van hurtando la alegría de ser de una tierra a cambio del deber de pertenecer a una (o dos) estrecha(s) nación(es)].
[Las pinturas corresponden a Clara Westhoft y Autorretrato a las camelias de Paula].

martes, 5 de septiembre de 2017

La reina de los Apaches

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La primera vez que oi el término apache aplicado fuera del contexto que conocía, el indio, me dejó algo descolocado, pero no pregunté lo que significaba por no quedar en entredicho, pues se suponía que tenía que estar al tanto de ello. Pasados unos años volví a leerlo en las memorias de un exiliado español de la Semana Trágica (1909) a Francia cuando narra que viajaba en tren sin billete y, una vez pillado, le acusan de apache. Es así que me puse manos a la obra y quedó desechada mi ignorancia en este punto, lo cual me ha permitido entender el porqué del nombre dado a un servidor de internet llamado Apache, pues la red de redes tiene mucho de libertad en su construcción desde sus orígenes –la contracultura estadounidense de los setenta la toma como cauce, sin controles, para comunicarse– y ello queda patente en muchas de sus denominaciones.
Viene a cuenta lo anterior porque acaban de traducir (2017) las Mémoires de Casque d’Or, bajo el título Los apaches de París. Hacía tiempo que no me divertía tanto con un libro. Fueron escritas en su momento por Amélie Élie (1878-1933), llamada la Reina de los apaches por haber sido compañera amante de varios de los líderes de las cuadrillas de jóvenes que campaban por sus respetos en el París de finales del siglo XIX y principios del XX –«Si vas a París, papá, / cuidado con los apaches…»–, las cuales solían buscar refugio en los depauperados barrios obreros.
Las publicó seriadas el periódico Fin di Siècle en 1902. A pesar de que el texto pasó por el tamiz del periodista Henri Frémont, conserva la frescura de alguien que vivía la vida según le venía y de alguien que tenía inteligencia natural y valentía para moverse en ámbitos tan intensos como peligrosos y cambiantes. Quienes amen el cine, posiblemente conozcan la Casque d’Or de Jacques Becker, con Simone Signoret, en la que se puede apreciar ese casco de cabello rubio que la coronaba.
[Salud. Nos van hurtando la alegría de ser de una tierra a cambio del deber de pertenecer a una (o dos) estrecha(s) nación(es)].

lunes, 28 de agosto de 2017

Cigüeñas para Arsenio en Castilruiz

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Entre los libros seleccionados para este verano puse Más allá, Tánger, del extremeño Álvaro Valverde (1959), en el que la narradora vuelve, en poemas, a la ciudad donde nació –«Cualquier calle da al mar. / Cualquiera, en consecuencia, / da al morir»–, sin saber todavía que en mi pueblo, Castilruiz, se iba a celebrar un acto en homenaje a nuestro poeta, ArsenioGállego Hernández (1886-1969), nacido aquí y fallecido en Cáceres, en donde pasó buena parte de su existencia, pues allí ejercía de catedrático de Matemáticas en el Instituto. Tras su muerte, se editó un libro de urgencia, Soria y Cáceres, mis amores (1971, por cierto, impreso en Burgos); después, por mediación del catedrático Eugenio Frutos Cortés, Mis dos vidas (1973). En ambas ciudades tiene calle.
Bajo el impulso del alcalde de turno y lo llevado a cabo por las asociaciones que existen, el pueblo salva el tipo como puede (y conserva todavía ráfagas de ese antiguo perfume a cochinos que en otro tiempo trajo prosperidad), enfrentándose a la creciente despoblación, al consiguiente deterioro de edificios vacíos y al descuido administrativo.
El lunes, 21, a las 19:00 horas, estábamos convocados en lo que fue la casa del maestro, que, tras años de ruina cabalgante, se ha convertido, por empeño del actual regidor, en un coqueto Rincón del Poeta. A media tarde la gente comenzó a mirar al cielo y, entre exclamaciones, a avisar a quienes estaban en casa. Unos centenares de cigüeñas sobrevolaban el pueblo. Sobrecogedor. En la calma calurosa del espacio, el impacto oscilaba entre la gozosa nueva inédita y el presagio difuso de vaya usted a saber qué puede ocurrir –en los años que tengo no he visto nada parecido; nacerá una criatura por cada una de ellas…–. Unas doscientas se posaron en la torre y el tejado de la iglesia, mirando al este, como los girasoles; el resto por las eras del tío Juanito.
La mujer de Arsenio desconocía que su marido escribiera poesía; al morir, apareció en un armario un montón de cuadernos perfectamente ordenados. Coincidió en destino con Antonio Machado en Baeza, cuando este ya venía de Soria, una vez fallecida Leonor. Las cigüeñas escuchaban desde lo alto –¿era ese el motivo de su venida?– y, en el posterior concierto de jazz, con saxo y guitarra, aportaron la percusión.
[Salud. Nos van hurtando la alegría de ser de una tierra a cambio del deber de pertenecer a una (o dos) pequeña(s) nación(es)].

lunes, 7 de agosto de 2017

La Isla de los Ratones (veranear)

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Me aburre un poco encontrarme con gente conocida esta temporada. La conversación posible es si viajas a algún sitio ¿A dónde vas este verano? De paso, te cuentan su proyecto o, en caso de haberlo ya realizado, lo estupendamente que lo han disfrutado ¡Tienes que ir, es sorprendente! Lo engorroso llega cuando dices que no tienes nada pensado ¡Aprovecha a vida!
¿Qué decir? Es así que he optado por aventurar que estoy interesado en la Isla de los Ratones (poniendo suspense a su geografía, gastronomía y paisanaje). Cierto que con ese nombre se conoce popularmente a unislote –Isla Marnay– de la bahía de Santander, aunque aquí viene a colación porque con ese nombre se publicó una revista de poesía entre 1948 y 1955, a cargo de Manuel Arce (1928), y como editorial fungió hasta 1985 (de la mano de Teresa Arce y Julio Neira). El primer poema –que visito una y otra vez– que publica la revista es de José Luis Hidalgo (1919-1947), compuesto en 1938, en plena guerra:
Sin llamarte,
porque ya no me oías.
Con la boca mordiendo sangre y tierra.
Sin decirte siquiera:
aquí estoy,
aquí he venido
para saber de cierto que te has muerto…
Nada.
No dije una palabra,
ni un nombre;
nada que pudiera romper tu mansedumbre.
Pero yo di a tu sueño
lo mejor que tenía.
[Salud. A la espera de que la vida disuelva los caprichos de quienes gobiernan la res publica].

viernes, 28 de julio de 2017

¡Buen Camino!

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Unir realidad y literatura es una de las misiones de las bibliotecas; un empeño que a veces no las libra de bipolaridades. El boletín Entrepueblos.Cooperación pueblo a pueblo, número 67, de verano 2017, inserta en primera plana una foto de Las Patronas asistiendo con alimentos a migrantes hacia EEUU a su paso por México ‒señalemos que es la imagen elegida por Arturo González Villaseñor para la promoción de su documental Llévate mis amores‒. Este grupo de mujeres actúa en la localidad deGuadalupe, ‘La Patrona’ (Veracruz), desde 1995, al paso del ferrocarril La Bestia. La revista citada, en el texto «Centroamérica: sobrevivir al desarrollo», hace balance de tres décadas de cooperación internacional al desarrollo dada en la zona, concluyendo que ha sido un éxito del desarrollo y un pinchazo de la cooperación; es decir, se ha progresado en la concentración de la riqueza, en la financiarización, en la deslocalización, en la especialización territorial y en la acumulación por desposesión.
Emil Kraepelin (1856-1926), padre o abuelo de la psiquiatría moderna, desarrolla su vida interior a través de la pintura, la música y la poesía. Al morir se le descubren poemas como el soneto Discordia:
Cuando la existencia me impone su desmesurado yugo,
hueste de relumbrantes destellos asoma ante mí:
es un tornasol tropel de rutilantes sueños y anhelos
que ferazmente florece y me embarga del todo.
Sin embargo, el día en que yo acabe cediendo jamás llega:
sujeto estoy, no lo ignoro, por mil férreos grilletes.
Lucho por la luz, busco gozoso albedrío,
pero ocultas fuerzas en perpetua pugna me confinan.
¿Tiene algún significado esta discordia?
¡Cómo rebosa de hiel el cáliz de la vida ante mí!
Y, sin embargo, mi ser más auténtico ama esta agonía.
Sin esta rebelión interior me odiaría a mí mismo.
¿Cómo disiparse la grisura de los días podría
sino a través de los redivivos anhelos de mi corazón?
[La ilustración es de Angelica Paez].

[Salud. A la espera de que la vida disuelva los caprichos de quienes gobiernan la res publica].

viernes, 21 de julio de 2017

La prosista poeta (Sylvia Plath)

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Sylvia Plath (1932-1963) es conocida por haberse quitado la vida y reconocida por Ariel, libro de poemas escrito el último año de vida, en el que se muestra poeta del género confesional, en paralelo a su compatriota estadounidense Anne Sexton (1928-1974), también suicidada. No obstante, «para mí –escribe–, la poesía es una evasión del trabajo de verdad de escribir prosa», algo que realiza con fluidez durante la adolescencia, pero que se le resiste en la edad adulta. Y eso que su deseo es llegar a ser una escritora popular, que gane ingentes cantidades de dinero, con lo que poder sentir que tiene un oficio respetable, además de que sueña con ser periodista de viajes y poder financiar los mismos con las crónicas correspondientes.
Sus cualidades literarias hacen que reciba una beca Fullbright (con la que estudia en Europa, donde se casa y muere). Comienza varias novelas, de las que solo termina La campana de cristal (como Victoria Lucas). A pesar de que lo intenta con ahínco y, a la manera flaubertiana, ensaya una y otra vez escribiendo minuciosas descripciones de lo que ve, además de volcarse por momentos en unos diarios (que permanecen sin publicarse en su totalidad, debido a la crudeza de las opiniones hacia quienes conoce), en las que hallan sentido muchos de los elementos que aparecen en su poesía. (Curiosamente, su escritura mecanografiada es de bastante mejor calidad que la escrita a pluma). Pero estaba «completamente aislada de la humanidad, en un vacío creado por mí misma: me sentía cada vez más enferma. Solo podía ser feliz como escritora y no podía ser escritora. Estaba paralizada por el miedo». Hasta el último año de vida, perdía la lucha cuerpo a cuerpo que mantenía consigo misma.
Es en el relato Jonnny Pánico y la Biblia de los Deseos, de 1958, cuando muestra esa libertad que aparece en Ariel y en los cuentos de 1963. Con ese nombre –Johnny Panic and the Bible of Dreams– se recopilan algunos de ellos, lo que es editado ahora en español como La caja de los deseos.

[Salud. A la espera de que la vida disuelva los caprichos de quienes gobiernan la res publica].